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Pueblos de la Provincia de Valladolid: Pozaldez.

Iglesia de San Boal por Joaquín Díaz. Patrimonio Histórico.

Un frío que corta la cara, el Ayuntamiento, orgulloso, erguido, da el tinte majestuoso al pequeño centro. En una de las calles laterales, se encuentra el Centro de Atención Primaria en Salud. El sol ilumina a tres hombres mayores que deliberan en la callejuela que lleva al consultorio médico. Sí, porque está compuesto por una salita de espera y dos puertas, una es la del Doctor, y otra de enfermería…, como en los viejos tiempos.

Tiempos que parecen haberse congelado en algún más allá. Somos forasteras y puedo sentirlo, no es que lleve la modernidad en la piel, pero está clarísimo que no vivo en Pozaldez.

Es curioso lo del tiempo, cuando bajé del coche sentí que había entrado en las páginas de “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, creí ver alguno de sus personajes, y de Santiago Nasar, no supe nada… Y aquella frase de “en el marasmo de las dos de la tarde”, a pesar del frío de noviembre, me confirmaba que el tiempo hace lo que le da la gana, y te transporta de igual manera…

Bajando las escaleras del Ayuntamiento, un señor elegante, engominado, y con características de la época en la que estoy viajando, nos dice: “¿A que se debe la visita de estas jovencitas?”, (intuí lo evidente, era una figura importante), comencé a explicarle mis razones laborales, y él agregó: “Se lo pregunto porque soy el Alcalde, don Eduardo Ibáñez Palacio”, nos presentamos, y nos dimos los correspondientes “encantada/o de conocerlo/las”.  Aprovechamos a intercambiar datos del trabajo, puesto que es un pueblo tan pequeño, que el Alcalde conoce a toda la gente…

Pozaldez (a 43 kilómetros de Valladolid), es un pueblo de lo más pintoresco, con 546 habitantes, s e caracteriza por sus buenos vinos y el pan en horno de leña, único en los alrededores (Eso nos contó el Alcalde, y nos dijo que lo llamáramos, para que nos encargue nuestra hogaza de pan).
Las fiestas del pueblo se celebran el 20 de Mayo, también a fines de julio tienen las “Fiestas de los Novillos”. Y para culminar el ambiente fiestero, en el mes de octubre se celebran Los Premios Nacionales de Cuentos y Poesía “José González Torices”.

La historia nos cuenta que, Pozaldez, se llamó antiguamente Pozo de la Hez, por sus afamados vinos verdejos, y en el siglo XVI pasó a llamarse Pozaldez. Sigue siendo un pueblo reconocido por sus vinos blancos envejecidos.

También tiene patrimonio histórico, no crean que por ser pequeñín se va a quedar fuera!

“Pozaldez se inscribe en una amplia zona dominada por el mudéjar: Las Tierras de Medina en su confluencia ya con la Tierra de Pinares. Un estilo de construir fuertemente influido por la cultura árabe, que tiene como denominador común el uso casi exclusivo del ladrillo, que se complementa con el yeso y la madera.

En Pozaldez la tradición de su uso es antigua, como lo atestigua la cabeza de la iglesia de San Boal, un ábside románico-mudéjar formado por un tambor semicircular con altos arquillos ciegos, emparentado con toda una amplia escuela que se desparrama por Alcazarén, Mojados y Olmedo.

Si bien las construcciones mudéjares en ladrillo, yeso y madera se concentran sobre todo en los siglos XIV y XV, el uso del ladrillo siguió manteniéndose en épocas posteriores, cuando ya estaban de moda otros estilos arquitectónicos, como el barroco, siendo de gran audacia, para la resistencia de este material, el tamaño y monumentalidad de los edificios construidos con él.

En Pozaldez hay dos notables edificios de esta época: la iglesia de San Boad y Santa María.

Iglesia de San Boad:

Se encuentra en la parte más alta del pueblo. El ábside es lo único que se conserva de una iglesia románico-mudéjar. Se trata de un tambor semicircular de altos arquillos ciegos, muy original si lo comparamos con los de las iglesias de Mojados, Olmedo, Alcazarén, Íscar u otras poblaciones de Tierras de Pinares con las que se encuentra emparentado.
El resto de la iglesia es una nave rectangular con capillas en los laterales y una majestuosa torre barroca, de varios cuerpos construida en ladrillo y piedra por el arquitecto clasicista Diego de Prades y principios del s. XVII.

Iglesia de Santa María:

Los enormes muros de la iglesia de Santa María es lo primero que se impone a la mirada del visitante. La nave se ha reducido exteriormente a un prisma rectangular con contrafuertes, de armónicas proporciones. La torre, más humilde que la de San Boal, parece ceder protagonismo a la nave. La puerta de acceso es una sencilla portadita de ladrillo, con arco de medio punto y detalles decorativos de tradición local. Se construye a la vez que San Boal y en el mismo estilo herreriano”.

Llama la atención su retablo mayor, de principios del siglo XVIII. Es un ejemplar típicamente churrigueresco en el que las columnas salomónicas, los estípites, tímpanos partidos y demás rasgos propios e este estilo se prodigan abundantemente. La imposición de la casulla a San Ildefonso, San Pedro, San Pablo y la Virgen de la Asunción son las imágenes que cobija. Repartidos por las capillas hay una considerable cantidad de retablos e imágenes del s. XVII, muy interesantes en los que abunda la iconografía de la contrarreforma. En una tribuna del lado del evangelio se asienta un órgano barroco de mediados del s. XVIII”.

Ermita de los Remedios, es otro de sus grandes patrimonios.

En el extremo del pueblo se encuentra la ermita de la Virgen de Nuestra Señora de los Remedios. Su arquitectura es de tradición popular. Dispone de una nave y espadaña. La Virgen titula es del siglo XVIII y entre sus imágenes pueden citarse un Cristo gótico del siglo XV, algunas pinturas sobre tabla y la Virgen con el Niño del s. XVI.

El texto citado fue extraído de la web “Del sol Medina”, enterito, porque creo que es imposible contarlo mejor.

Para finalizar, quiero ilustrar la entrada, con un fragmento del libro “Crónica de una muerte anunciada”, que fue el que se me vino a la cabeza cuando pisé Pozaldez.

“Mi madre me lo contó en una carta, y al final me hizo un comentario muy suyo: «Parece que también está nadando en oro». Esto respondía a la leyenda prematura de que Bayardo San Román no sólo era capaz de hacer todo, y de hacerlo muy bien, sino que además disponía de recursos interminables.

Mi madre le dio la bendición final en una carta de octubre. «La gente lo quiere mucho -me decía-, porque es honrado y de buen corazón, y el domingo pasado comulgó de rodillas y ayudó a la misa en latín».En ese tiempo no estaba permitido comulgar de pie y sólo se oficiaba en latín, pero mi madre suele hacer esa clase de precisiones superfluas cuando quiere llegar al fondo de las cosas.

Sin embargo, después de ese veredicto consagratorio me escribió dos cartas más en las que nada me decía sobre Bayardo San Román, ni siquiera cuando fue demasiado sabido que quería casarse con Ángela Vicario.  Sólo mucho después de la boda desgraciada me confesó que lo había conocido cuando ya era muy tarde para corregir la carta de octubre, y que sus ojos de oro le habían causado un estremecimiento de espanto” (…)

“La propietaria de la pensión de hombres solos donde vivía Bayardo San Román, contaba que éste estaba haciendo la siesta en un mecedor de la sala, a fines de setiembre, cuando Ángela Vicario y su madre, atravesaron la plaza con dos canastas de flores artificiales. Bayardo San Román despertó a medias, vio las dos mujeres vestidas de negro inclemente que parecían los únicos seres vivos en el marasmo de las dos de la tarde, y preguntó quién era la joven.  La propietaria le contestó que era la hija menor de la mujer que la acompañaba, y que se llamaba Ángela Vicario. Bayardo San Román las siguió con la mirada hasta el otro extremo de la plaza.
-Tiene el nombre bien puesto -dijo.
Luego recostó la cabeza en el espaldar del mecedor, y volvió a cerrar los ojos.
-Cuando despierte -dijo-, recuérdame que me voy a casar con ella“…

(No sé la página, porque lo busqué en la red por la oración… “en el marasmo de las dos de la tarde”, y me costó mucho dar con ese cachito ajjaaj).

Hasta la próxima.



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  • Comentarios:

    Un suspiro en “Pueblos de la Provincia de Valladolid: Pozaldez.”



    1

    ¡Hola!
    Me hace recordar los años que viví en Leirado, un remoto, muy remoto pueblo de Galicia.
    El alcalde, la iglesia, el pan, el vino…
    Saludos

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