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Otra de discriminación: De ticholos y banderines…

Con el mordisco que le di a la entrada de “La Parker“, puedo aplicar “la metáfora de la magdalena”, de Proust.

Camino a mi trabajo, otra vez, recuerdo mi integración a la escuela en Uruguay. En Argentina, hice hasta 5º de escuela, y como la currícula no incluía historia uruguaya, entendieron que debía repetir… Sin posibilidad de examen.

Para mi no fue tan grave, me mudaba de país y me preocupaban otras cosas: qué no conocía a nadie, que mi acento era diferente y se iban a dar cuenta de que era argentina, que habíamos ganado el último mundial (México 86), que también era uruguaya… pero eso no venía a cuento.

Empecé la escuela…

Como era ‘nueva‘ (y extranjera), a la maestra no se le ocurrió mejor idea que sentarme a su vera en el escritorio. Con lo cual pasé de ser “Ivanna, la nueva” a “porteña babosa” (o de mierda, dependiendo de la educación de los niños…).

A veces, ciertos intentos de integración generan justo el efecto contrario… Como sucedió en este caso. A los tres días me había ganado el odio de toda la clase, pues mis compañeros no entendían porque siendo “la nueva” tenía esos privilegios, que no se imaginaban que, para mí eran un castigo.

¿Alguna vez oyeron hablar del bolo faríngeo? Es una forma figurada de nominar uno de los síntomas más delatadores de la angustia. Es la sensación de tener una bola trancada en la garganta (de forma constante en el caso de la angustia), a mi me atacaba eso cuando iba llegando a la escuela…

Todo esto viene a que curiosamente (como podrán suponer), y de forma nada gratuita, a los cinco días de sentarme en el escritorio con la maestra me agarré una faringitis que me dejó una semana en cama. Recuerdo que me encontraba tan mal!!

Una vez recuperada, volví a la aventura de sentirme extranjera en un país que también era mío.

Al reintegrarme hablé con la maestra y planteándole mi preocupación conseguí (comprometiéndome a atender mucho más) que me dejara acomodarme en el salón ‘como si fuese‘ una más del grupo. Con lo que cambió significativamente el trato de mis compañeros conmigo, pues comenzaron a llamarme Ivanna (o Ivanna, la porteña). Me acuerdo que a ver ese gesto, yo llevaba ticholos para compartir con mis compañeros (si algún uruguayo lee esto y tiene una foto de un ticholo, porfi mándemela así puedo enseñarlo).

Todo iba bien hasta que llegó la primera fiesta patria

El himno uruguayo, desde luego, lo conocía (mis padres son uruguayos), pero no sabía (o no quería) cantarlo. Extrañaba Argentina, y aunque quisiera vivir en Uruguay, no estaba preparada para blandirme patriota hasta los huesos. Eso desencadenó que la directora me observara y en cuanto pudo se acercó y me dijo: “cantá el himno“, le contesté que no quería (esto de la sinceridad…). entonces me apreto la boca y me dijo: “Tenés que cantarlo“. A lo que le respondí: “No tengo obligación de cantarlo porque soy argentina“. No le gustó mi respuesta, por demás soberbia… (no me quedaba otra…), pero tuvo que dejarme en paz.

Esa fue una de mis pocas veces que necesité y utilicé uno de mis tantos banderines…

Paréntesis
En el momento de cantar el himno, en mi cabeza de niña, pensé: no es posible morir por dos patrias…, si yo había prometido la bandera en Argentina! Lo que no sabía era que dos años después la juraría en Uruguay… Cosas de la vida.

Ese fue el mejor argumento que se me ocurrió… (no me lo creía, pero me dejó salir del paso… ).



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  • Comentarios:

    2 Suspiros en “Otra de discriminación: De ticholos y banderines…”



    1

    habrase visto hacer cantar a los niños:

    “… ni reclamo mas honor mas honor
    que morir por mi bandera… “

    yo esa parte no la cantaba.

    y tampoco dije “si lo juro” en la jura de la bandera… de seguro algunos de los que obligan a jurar asi a los niños son los mismos que critican los bautismos.

    2

    que buen relato, me hizo acordar a muchas vivencias parecidas que me producía mi “falta de patriotismo” (o mi odio visceral a los milicos) en los actos de la escuela… ¿qué son los ticholos?
    niña, un abrazo

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