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Mudanza de país: ¿Por qué España? (Parte III)

Este no era el viaje más largo de mi vida, pero sí el más radical. Sólo me iba a enterar de lo que me deparaba el destino que construimos con Tasio, en el momento en que pisara el suelo de Valladolid. Soy muy alocada, pero a veces pienso… La vida virtual es una cosa y la real es otra. Podemos poner un par de palmeras sugerentes y decir que estamos en el Caribe, y para quién nos ve por la cámara web, efectivamente, estamos en el Caribe y tan a gustito. Entonces, es imposible no imaginar situaciones posibles. No significa esto, bordear la paranoia, sino –por el contrario- ser realista y no pintar todas las aristas de la vida de color rosado. En todo momento fui conciente de que todo este movimiento vital podía ser un auténtico fracaso, pero si no me subía al avión no me iba a enterar, y a la vez me estaba quitando la posibilidad de arrepentirme…
Uruguay, desde la altura parecía un hormiguero, hacia mis adentros pensaba: ‘Qué desprolijos somos’. Desde la ventana del avión, veía todo verde y pequeñas venas desordenadas (carreteras), me hizo gracia… Será que no nos complicamos demasiado… Salí de Montevideo a las 13:30 del 30 de julio de 2005, la luz del sol me brindó la posibilidad de observar el país y despedirme en la neonata lejanía.
En el avión, a mi lado, viajaba un señor oriundo de Galicia, quién al verme tan desesperada por mirar por la ventana, se ofreció a cambiarme el asiento. Acepté.
Volando algunas horas, ya estábamos en pleno océano, inmensidad por todas partes. Arriba cielo, abajo agua, nosotros y alguna que otra nube… horas de inmensidad que no hacían más que decirme que ya había cruzado una gigantesca barrera, intenté dormir pero no podía, no me sentía nerviosa, pero lo estaba. Había dejado atrás todas mis referencias y referentes, para entrar en un mundo desconocido, además: sola. Estuve 18 horas viajando, porque mi vuelo era especial, era un pasaje con un año de duración, tengo una tarjeta que me acredita como estudiante a nivel internacional, y por eso pude comprar ese pasaje. La idea era aterrizar en Valladolid, mi destino. Pero la vida nunca es fácil, tenía que saltar algún que otro obstáculo. La escala fue: Montevideo – Madrid – Barcelona – Valladolid.
Logré dormir un poco, y cuando desperté fue gracias al sol que apenas asomaba sobre Madrid. Me maravillé, desde el cielo parecía una maqueta hecha a la perfección. Viste cuando tirás una piedra al agua, cómo se van dibujando las ondas sonoras, así vi a Madrid, su centro la piedra, y las ondas dibujaban la ciudad como en un movimiento centrífugo pero con límites bien marcados. Me encantó. También, me asustó un poco, es que ya estaba en territorio español, y entre esperas y cambio de aviones en dos horas estaría en Valladolid. Tenía una mezcla de sensaciones, que es muy difícil traducir en palabras…
Aterrizamos en Madrid, pero fue sólo para cambiar de avión, no salimos de la pista ni pasamos por migraciones. Ya estaba rumbo a Barcelona, un calor!! Atenta a la ventana intentaba calmarme, me re emocionó ver toda la rambla, el mar de Barcelona, parecía una postal, qué belleza! Mis ojos como una cámara fotográfica. Aterrizamos, y ahora sí, pasar por migraciones, documentos y cargar para todas partes con mi bolso de mano, que pesaba como un condenado, puesto que allí llevaba un par de libros (que ni toqué en el viaje), una botella de ‘Grapamiel’, otra de ‘Fernet’ (argentino) y un frasco de ‘Dulce de leche’. Y el equipo matero por supuesto.
En este aeropuerto, me equivoqué de escalera, y tuve que salir a la calle y bordear todo el edificio, o sea, cuatro cuadras (calles) casi, y con los nervios a mil, porque tenía que encontrar el sitio desde el que salía el vuelo a Valladolid, terrible miedo de perderlo! Iba casi corriendo, y no daba más, muerta de calor, desorientada, y sin dormir. Pero llegué a tiempo! Lo encontré!! Es que este aeropuerto es enorme!
Subí al avión rumbo a Valladolid, a medida que el viaje avanzaba el paisaje cambiaba considerablemente, aquello parecía un desierto. Todo seco, árido, ese amarillento caluroso me daba la sensación de estar yendo a otro país, todo iba bien hasta que escuché: “en 5 minutos aterrizaremos en el aeropuerto de Villanubla, Valladolid”… Admito que cuando escuché eso me tembló hasta el alma. En milésimas de segundos pensaba mil cosas… “Cómo iba a saludarlo” “¿Beso en la boca o en la mejilla?” “¿Un abrazo?” Bobada porque una vez en la situación terminamos haciendo lo que nos sale del… alma.
Ahora sí me tocaba buscar mi maleta, afortunadamente ese aeropuerto era más chico que los otros, agarré mis petates (cosas) y fui al encuentro (temblando…). Curiosamente, como una ironía del destino (o un paralelismo psicocósmico), la primera imagen que tuve de Tasio en tres dimensiones fue a través de un cristal, ya que la pared de la salida era mitad material, mitad cristal. Pero a lo lejos lo vi… no sé si volveré a repetir esa sensación alguna vez en mi vida, fue algo parecido a una película de ciencia ficción en una escena en la que el personaje pasa a otra dimensión, atravesar la puerta del aeropuerto de Valladolid, y al fin tocar y besar algo que en la distancia soñaba… es indescriptible. Nos dimos un beso el la boca y un abrazo, y dentro del deslumbramiento inicial, teníamos un tema de conversación claro: el viaje y el clima. Para romper un poco el hielo…
Llegamos al Paseo de Zorrilla (zona en la que vivimos), y la primera impresión fue buena, me gustó mucho el lugar. Mientras Tasio iba sufriendo con mi maleta, subimos a nuestro nido de amor.
A partir de ese día, viví con un hombre hermoso, que tiene una familia encantadora que me adoptó y me hizo sentir como si siempre hubiese vivido en Valladolid.
Del otro lado del océano, mi familia, mis amigas y amigos, mi título esperando sellos en el Ministerio de Salud Pública…, mi perra Luna, mis libros… En fin, una nueva vida.
Todas las relaciones al principio tienen su encanto, esto podía salir bien o mal (como todo en la vida), pienso tuve mucha suerte, porque vivimos enamorados, sigo manteniendo la emoción de aquella tarde que lo vi en Villanubla, cuando me acuerdo del viaje siempre me digo: “Qué suerte que no me acobardé y viajé”. Justamente hoy, 17 de febrero cumplimos un año de casados, y estoy más que contenta.

No quiero pecar de egocéntrica, pero realmente: Me Felicito!

Hasta la próxima semana.



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  • Comentarios:

    4 Suspiros en “Mudanza de país: ¿Por qué España? (Parte III)”



    1

    hola Ivanna

    Estuve bichando esto a la apurada y prometo volver. Esta fenómeno, che!

    De paso y cañazo te dejo mi direccion

    http://elmuertoquehabla.blogspot.com

    Felicitaciones por el lugar!

    (lo del muerto es solo un apodo que un almapodrida me puso)Vivo cerca de España, el pais de los quesos y los pinguinos. Holanda.

    Chau

    2

    Hola larguiiii!!! Me encantó el relato…Muy expresivo…Y me alegro taaantoo que todo sea así…perfecto, para una buena amiga como tu…

    Te quiero mucho

    Largui

    3

    Qué difícil, verdad, dar ese paso…! Me alegro de que lo hayas hecho!

    4

    Hola Ivanna!!!
    me encanto lo que escribis, de verdad me senti muy identificada en un monton de cosas.
    Un afectuoso saludo.-

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