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Dimensiones: La Teoría de las Puertas…

puerta

Fue en uno de esos aburridos cumpleaños cuando Diego se dio cuenta de que no pertenecía a la dimensión que estaba habitando.

Que era de otro plano y estaba ahí por error, rodeado de gente que congeniaba entre sí, pero con la que él no contactaba. Como si circulara por un carril diferente al de todos los demás. No tenía nada que ver con quienes transitaban por allí. Se sentía ajeno. Todos le resultaban raros, y por lo visto él a ellos.

Pensó que quizás matándose podría corregir el error y acceder a su propia dimensión.

En una fría noche de Julio se decidió a realizar el pasaje. Tomó la pistola y, sin que le temblara la mano, disparó. No fue a ningún lado, pero por lo menos abandonó un lugar al que no pertenecía.

En realidad, en el último suspiro creyó erizarse sin razón. No se equivocó. Pero se dio cuenta que aquel diáfano disparo, no hizo más que demorarlo en una espera de nada. Evidentemente, había tocado a la puerta equivocada.

No sólo tocó, sino que entró y al escuchar de fondo un rasguña las piedras, se dio cuenta que ese allí no era el suyo.

No pudo siquiera disfrutar de la penetración balística, ese no era su lugar. Todos sus actos no modificarían en absoluto, la nada y el todo. Pensó.

Ahora estaba en un presente con surmenage que le prometía un futuro muy cierto. No le gustó. Corrió, corrió sin parar y cuando sintió el placer del dolor muscular, se dejó desvanecer.

Luego al alzar los ojos se erizó (pero esta vez con razón), allí había una puerta, no ya delante de sus ojos, sino a sus espaldas. En el aire se escuchaba un Sim. Ahora, de noche, el tiempo lento corría quién sabe adónde. Sólo corría. Diego, a su ritmo se dejaba llevar.

En su cabeza giraba una canción, que decía algo así: “Vivir a la deriva, sentir que todo marcha bien, volar siempre hacia arriba, y pensar, que no, puedo perder, voy a hacer un tambor de mis escrotos, sólo dejo, dejo sólo una foto”…

Se acordó de una mujer que en algún momento fue su enamorada. Se la cantó al viento, y de esa forma dio al universo, una gigantesca muestra de romanticismo ilustrado.

Autores: Bruno Cancio – Ivanna C. Letocar



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