Diálogos con el Espejo: y el mundo entero le pesaba.

En aquella tarde plomiza, se sentó a mirar por la ventana. Esperaba y esperaba sin saber muy bien qué… , pero esperaba.
El cielo acompañaba a su alma en el sentimiento, y el mundo entero le pesaba.
Llenó sus pulmones de aire espeso, pulmones apretados por una angustia que no era suya, se la había robado a un recuerdo de un ayer oxidado, que no le pertenecía.
Era especialista en masticar miserias, pero no sabía escupir, y el mundo entero le pesaba.
La tarde se evaporó, y esa noche, en la ventana… siguió esperando.






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