Diálogos con el Espejo: El Espiral

Cada lágrima que rodaba por su mejilla, significaba una ilusión, que con paso cruel y ligero se evaporaba…
Aspiró frenéticamente su cigarrillo. Las lágrimas no cesaban, por momentos intentaba retenerlas, pero no era una tarea fácil.
Las gotitas de tristeza debían marcharse, irse para siempre.
Esa triste tristoja, ya había invadido su corazón y una bola de fuego quemaba su pecho. Oprimía su corazón.
Más aún, su tristeza crecía porque sabía de manera casi segura, que no tenía ya a aquel divino Mar capaz de apagar su fuego.









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